Entrevista
Ruben Blades , gastronomia, cafe y seco, con el maridaje del che panameño Mario Castrellon
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Cuéntenos la importancia de esta exposición en París, Francia
La exhibición Maison & Objet es el show más grande del diseño de muebles de arte donde las firmas más prestigiosas presentan sus colecciones, vienen más de 150.000 visitantes a comprar para proyectos de hoteles de lujo, boutiques y restaurantes, desde Dubái, en Medio Oriente hasta Estados Unidos y Europa,
¿Qué presentará usted?
Voy a tener por primera vez un stand con 18 piezas nuevas, justo 10 años después de que Maison & Objet me entregara el Premio ‘Talento Emergente de América’, que hasta hoy no lo ha ganado nadie más en Centroamérica; por ello fui su embajador para Estados Unidos de 2016 a 2018. Eso me abrió puertas y en los años posteriores hice colaboraciones con casas de diseño. Tener un stand este enero es muy exclusivo, los artistas que quieren estar deben aplicar, ser aceptados por un comité, además de constatar años en el mercado, y la elaboración por artesanos; porque ahí no entran muebles en serie de China. Debo construir la exhibición en el espacio con paredes, techo, la instalación y las piezas. Un stand de 20 metros cuesta alrededor de $55 mil dólares. Entonces voy a estar compitiendo con grandes firmas.
¿Qué tanto hay de Panamá en sus diseños?
Panamá es siempre para mí una inspiración y lo incluyo en mis colecciones, en mis ideas, soy Panamá, lo llevo dentro y siempre tendré ese toque en los diseños. En mis colecciones hay mucho color y mucho movimiento, entonces hay una conexión con la parte natural. Además, tendré una colección de perfumes de flores en una obra de arte hecha de arcilla, de manera que cuando entras a una casa y ves la flor de arcilla sobre la mesa o en la pared, es un perfume.
‘La Silla Panamá’ diseñada por usted ¿hará presencia en París?
En esta ocasión no va a estar porque la presenté en otro evento hace dos años, pero siempre está bajo pedido. ‘La Silla Panamá’ fue escogida por la revista Elle Decor de Nueva York para mostrarla en su editorial, así que tuvo un buen apogeo, a la gente le gusta mucho, es muy diferente, y siempre brilla Panamá. Por ejemplo, la vi instalada en un hotel y se veía espectacular. La solicitan bastante, la han comprado diferentes diseñadores de interiores para los proyectos residenciales de alto nivel de sus clientes, pero como tenemos que firmar un acuerdo de confidencialidad no puedo decir nombres. Esta silla y mis otros diseños se catalogan como ‘accent piece’, piezas de acento, piezas de conversación. Es una obra de arte funcional.
¿Qué tan largo ha sido el trayecto para llegar a esta exhibición en París?
Me fui a vivir un año a Italia en 2003, y en 2004 me mudé a Estados Unidos donde creé una carrera como artista de la fotografía en Nueva York donde viví 10 años. Al tiempo que trabajaba en fotografía estudié Visual Arts en NYU, y arte en Cooper Union. Después de varias exposiciones de mis fotografías por el mundo creé mi primera colección de mesas de acrílico que fueron dadas en exclusividad a la casa francesa Roche Bobois por 4 años. Luego diseñé alfombras con mi arte, sábanas de lujo, y ahí fue donde Maison & Objet de París supo de mí y me nombraron talento emergente y embajador para América. Esto me dio la oportunidad de que las compañías quisieran colaborar bajo mi nombre. Entonces dije ‘¿por qué no hacemos sillas? Años después en un viaje de reuniones con artesanos quedé atrapado en Lisboa por el Covid; eso me llevó a vivir en Portugal donde decidí crecer mi compañía para estar cerca de los talleres. Ahora me muevo entre Lisboa y París.
Siendo panameño ¿cuál era el tema principal de sus fotografías?
Siempre he tratado de conectar a las personas con la naturaleza, flora y fauna de mi país. He hecho reportajes documentales de los indígenas Guna y su cultura matriarcal que presenté en Mónaco, Tokio y Madrid, para dar a conocer nuestra cultura, fotografiados en su entorno natural. Otras sesiones fotográficas de mi país fueron durante la expansión del Canal de Panamá y las nuevas esclusas al ser invitado por la ACP para fotografiar antes de iniciar el llenado, lo cual expuse en Europa y Estados Unidos.
En mi etapa de solo fotografía expuse en Maison de América Latina en Mónaco, en Madrid, en Beirut y en Tokio. Fui escogido por Bvlgari para ser el artista del editorial de su revista por el aniversario 130. Consistió en fotografiar la arquitectura de Italia, y durante 5 años continué en sus proyectos, y realicé colaboraciones para Fendi Casa en Estados Unidos.
Siempre hubo buena acogida de mi fotografía incluso por celebridades como Bill Clinton, Pelé, Hillary Swank, entre otros. En 2008 vi un programa de Oprah Winfrey: ella hablaba de la ley de atracción y del libro ‘El Secreto’, 15 años después Oprah conoció mi historia y me nombró uno de los trece hispanos destacados en Estados Unidos.
¿Está la sostenibilidad incluída en sus elaboraciones?
Uso madera de nogal, roble y acacia de Portugal, trabajamos con certificados de sostenibilidad que exige Europa, todo protegido, todo controlado, con regulaciones muy estrictas, por eso es muy valorado el producto. Mis diseños se hacen por artesanos según pedido, no hay inventarios en bodegas.
¿Cuánto puede costar una pieza, por ejemplo ‘La silla Panamá’?
La silla de Panamá cuesta unos $5,500 dólares. Otras piezas, sea una silla de bar, o una silla de sala unos $2,500, los sofás entre 5,000 a 8,000 euros. Para hoteles y arquitectos tiene otro costo. En Panamá aún no tengo una tienda que me represente, tenemos puntos de venta en París, Nueva York, Lisboa y Phuket, Tailandia.
¿Qué le aconseja a las nuevas generaciones que quieren dedicarse al diseño de muebles de arte?
Primero les recomiendo diseñar, crear, tomar fotos, es la única forma que uno moldea y se llega a dar a conocer. Tu trabajo como artista es crear, llevar tu identidad, no es preocuparse si vas a llegar. Cuando ya tienes tu portafolio, presentarlo y seguir. No es fácil, como toda profesión. A veces la gente se retira tras un par de años, dicen ‘lo voy a dejar’. Y no se dan cuenta que estaban a un paso de poder lograrlo. En Panamá hay mucho talento, hay mucho de dónde inspirarse. Lo que sí sé, es que en Panamá no te enseñan a inspirarte. No se empuja al arte. ¿Sabes cómo fue mi primera exhibición? yo mismo alquilé un salón en Cipriani en Manhattan, hice todo, invité a amigos, y un invitado especial, Colin Cowie, quedó atrapado en el elevador y hubo que llamar a los bomberos; tras ser rescatado llegó, los medios lo publicaron, los paparazzi estaban ahí, para mi fue una oportunidad de que mi nombre, Javier Gómez, saliera en los periódicos. Se vendieron todas las obras.
¿Qué más le quedó de esos primeros años en Nueva York?
Estudiaba y trabajaba, yo tenía un negocio de eventos, una pequeña compañía de catering, y ahí fue donde evalué y dije: ‘voy a hacer lo que yo amo, que es mi arte’. Mira todo lo que la fotografía me trajo, poder tener un nombre, al final, sabes, mañana muero, pero la compañía sigue, todos los meses recibimos emails de compras, la marca Javier Gómez continúa viva.